
Virus sincitial respiratorio
El virus sincitial respiratorio (VSR) puede producir desde un cuadro catarral hasta enfermedad severa como la bronquiolitis la cual es el resultado no sólo de los efectos citopáticos directos del virus, sino también de la respuesta inflamatoria del huésped. Este virus es la causa más importante de infección respiratoria grave del tracto inferior en lactantes y niños pequeños. El VSR se transmite principalmente por contacto directo con secreciones de personas infectadas, más que por gotitas finas en aerosol. Una vez en la mucosa, el virus se multiplica localmente con un periodo de incubación de 5 días antes de que se presenten los síntomas. La reinfección sintomática con este virus es frecuente en todos los grupos de edad, lo cual refleja una inmunidad incompleta hacia el virus; y el virus se ha reconocido como un importante causante de neumonías entre los adultos.

Diagnóstico
El diagnóstico de laboratorio se puede realizar A partir de aspirado nasal, exudado nasofaríngeo, o exudado faríngeo, se realiza uno de los tres procedimientos siguientes: a) aislamiento viral (con producción de sincitios como efecto citopático), b) c) Inmunofluorescencia en células de exudado faríngeo (véase la Fig. 3), es el método más rápido.

Prevención
No hay vacuna efectiva contra el VSR aunque el desarrollo de esta se encuentra entre las prioridades de la Organización Mundial de la Salud. Las opciones incluyen gammaglobulina específica o anticuerpos monoclonales murino humanizados, administrados durante la estación epidémica, para prevenir complicaciones serias de infección de algunos niños (v.g. aquellos con enfermedad crónica pulmonar y niños prematuros con o sin este tipo de enfermedad). Lavado frecuente de manos y no compartir utensilios con personas infectadas deben disminuir la transmisión. En instalaciones hospitalarias se deben tomar medidas estrictas para evitar la transmisión.
Tratamiento
El tratamiento de las infecciones por RSV está dirigido a invertir los efectos inflamatorios y fisiológicos de la infección y a reducir la excreción de virus. En estos dos sentidos no se ha demostrado que la administración de corticoesteroides mejore el curso de la enfermedad grave. Contra este virus se cuenta con un antiviral, la ribavirina, cuya eficacia se ha puesto en duda por algunos autores (DeBoeck y cols., 1996).
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