
Influenza: La enfermedad respiratoria causada por el virus de influenza puede presentarse como un cuadro respiratorio leve (gripa) a una severo (neumonía) que a veces puede llevar a la muerte, particularmente a niños pequeños y ancianos. Se estima que cada año se producen de 3 a 5 millones de casos de enfermedad grave y de 300 a 500 mil muertes. En Estados Unidos estos virus causan aproximadamente 200.000 hospitalizaciones así como 41.000 muertes al año. Los virus de la influenza se clasifican, con base en diferencias antigénicas, en tres tipos, A, B y C y se transmiten en las gotitas respiratorias que se expulsan al estornudar o toser. A veces por contacto con artículos contaminados por las secreciones respiratorias. Dentro de la vía área, el virus se multiplica en el epitelio respiratorio donde produce zonas extensas de daño mucociliar (es un virus muy citopatico y mata grandes cantidades de células). El daño celular y la inflamación se puede manifestar como rinits, traqueobronquitis, que puede incluir broncoespasmo (los asmáticos son muy susceptibles a este virus). En los casos graves el fenómeno inflamatorio se vuelve más severo y se presentan hemorragias en el pulmón. Cepas pandémicas emergen aproximadamente cada 40 años, y afectan a personas en todo el mundo. Un ejemplo de esto es el virus de la influenza A H1N1 que surgió en el 2009 en México. Este virus emergió como una variante de la cepa H1N1 con material genético proveniente de una cepa aviaria, dos cepas porcinas y una humana que sufrió una mutación y dio un salto entre especies de los cerdos a los humanos, para después permitir el contagio de persona a persona (1). Los grupos vulnerables a este virus fueron jóvenes, diabéticos, asmáticos y mujeres embarazadas entre otros.
Diagnóstico
El diagnóstico de la influenza se realiza con bases clínica. El diagnóstico específico de la infección por el virus se realiza en el laboratorio mediante pruebas de inmunofluorescencia (Fig. 5a), RT-PCR y aislamiento viral (Fig. 5b). El dianóstico específico debe difenciar entre las infecciones de numerosos virus, entre ellos el virus sincitial respiratorio, los adenovirus, los virus de parainfluenza y otros virus menos frecuentes como los virus de herpes y los enterovirus que también pueden infectar la orofaringe

Prevención
La mejor manera de prevenir esta enfermedad es vacunándose durante el otoño. La vacuna es una vacuna de virus inactivados que se inocula por ruta intramuscular, y que corresponde a una mezcla de los virus que prevalecieron el ano anteriorn (esta vacuna se debe preparar de nuevo cada año, porque el virus tiene importantes mecanismos de variación antigénica). También hay una vacuna viva atenuada, que se inocula en aerosol nasal, y que se cree que es más potente. Las principales contraindicaciones de la vacuna son personas que sean alérgicas al huevo, aquellas que hayan presentado efectos adversos en vacunaciones anteriores, y niños menores de 6 meses. Además, se recomienda que al reconocerse el brote de un cuadro respiratorio de este tipo los niños permanezcan en casa para que no infecten otros niños en las escuelas. Los brotes de influenza principalmente ocurren durante las épocas de invierno.
Tratamiento
En la mayoría de los casos el tratamiento es sintomático, el paciente debe permanecer bien alimentado, bien hidratado y se recomienda reposo (Fig. 4). En los casos graves o de alto riesgo se pueden administrar dos tipos de antivirales, inhibidores de la neuraminidasa y bloqueadores de canales de iones. Los primeros inhiben la liberación del virus a partir de las células infectadas, con lo cual se obstaculiza la diseminación del virus por los tejidos. Ejemplos de estos inhibidores son el oseltamivir y el zanamivir. Los segundos se encargan de bloquear la proteína M2 del virus, esta proteína actúa como canal de iones en el interior del endosoma, y es importante para la entrada del virus en la célula, ejemplos de estos antivirales son la amantadina y la rimantadina (White y Fenner, 1994). |